lunes, 18 de febrero de 2013

Hoy quiero compartir algunas fotos de una linda compra que me regalé. Desde la primera vez que ví 'Diario de una Pasión' (The Notebook, en su idioma original) quedé profundamente enamorada de ella, e inmediatamente quise tener mi propia copia de la película para verla y re-verla todas las veces que se me antojara. Allá por el 2006, dos años después del estreno de esta película me regalaron una copia pirata que muchas veces usé, pero de todas maneras, seguía sin ser lo mismo que tener la cajita de DVD con su tapa, contratapa, lomo, librito y disco ilustrado. (Si, soy de esas que le encantan todos esos detalles que forman parte del universo de una película o un CD.) Erradamente, presté mi copia de la película y nunca regresó a mi, perdida en las infinidades de este gran planeta tierra.

Fue durante un viaje del que ya les conté que esta edición limitada resaltó de entre todas sus compañeras películas en un conocido supermercado, tal cual como se veía en los dibujitos animados. El precio era genial y, aún sin poder abrirla gracias al plástico que lo envolvía, decidí que tenía que ser mía. Estabamos destinadas la una a la otra, cual almas gemelas del universo cinéfilo.

Quiero que se tomen un segundo para observar y deleitarse con todo el trabajo de diseño que existe detrás de este tipo de presentaciones. Muchas veces cuando cuento que estudio Diseño Gráfico me responden "¿Y eso que es?". Esto es diseño gráfico, el poster de un político, el manual de instrucciones de un teléfono, un blog, una tarjeta personal, la señalización de calles también, incluso los cartelitos que diferencian baños de mujeres y de hombres.

Pero el punto de este post no era hacerlos valorar a mis futuros colegas, sino que traer a la actualidad el recuerdo de una película que yo creo, ha pasado a ser parte de los clásicos del cine para eternas enamoradas como yo. Un largometraje en el que después de unas 6 o 7 veces de verlo pude dejar de llorar y el que ahora siempre tengo en la repisa de mi habitación esperando ser descubierto una vez más.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Hace poco descubrí esta maravillosa película (Seeking a Friend for the End of the World, en su idioma original) protagonizada por Steve Carrell y Keira Knightley (pareja dispareja, si las hay) que, citando a Cuevana, trata de "...un hombre que se encuentra solo luego de que su mujer entre en pánico y lo abandone, al acercarse un asteroide a la Tierra. Decide subirse a su auto y manejar a través del país para reencontrarse con su amor de la secundaria acompañado de su particular vecina, quién mantiene un plan alterno para enfrentar el fin del mundo." No es casual que justo hoy decida escribir sobre esto porque mas allá de que recomiendo esta película sin dudas, quiero aprovechar este chiste mundial del fin del mundo predicado por los Mayas para ponernos un poquito mas reflexivos.

En la película, el personaje de Steve Carrell (el mismísimo de "Virgen a los 40") vive una vida común y corriente, incluso aburrida, hasta que se anuncia el inminente fin del mundo y se le sacude todo el panorama. La inevitabilidad del fin de los tiempos hace que salga de su burbuja de una vida "fácil" y decida seguir sus instintos porque no tiene nada que perder. Literalmente.

Vivimos nuestras vidas influenciados por miles de factores que modifican nuestra manera de actuar, pensar y, sobre todo, auto limitarnos. ¿Si todo se termina en 5 días, qué hago acá midiendo mi comportamiento cuando en horas a nadie le va a interesar si hice el ridículo? ¿Es saber que no va a existir nadie para juzgarnos lo que nos hace soñar en las locuras que haríamos si supiéramos que se termina el mundo? Y si el mundo no se termina porque fue todo un error científico, ¿las consecuencias de nuestros actos serán realmente el fin del mundo?

Hasta hace poco tiempo yo solo sonreía pegando los labios y curvándolos en la medida posible porque odiaba mi sonrisa y quería ocultarla de la vista de cualquier ser humano. Incluso, durante los comienzos de la adolescencia me reía cubriéndome la boca. Y no es que me falten o sobren dientes o tenga algún defecto notorio, era (y es) simplemente un rollo de esos que las mujeres amamos crearnos. 

Desde que sonrío con la boca abierta, soy mas feliz. Las risas son mas graciosas y los momentos de alegría son mas alegres. Ese estúpido complejo que tengo sigue existiendo pero me di cuenta que vivir midiendo las sonrisas era dejar de disfrutar de la sensación de reír a carcajadas con la boca abierta, de esas risas que te tiran la cabeza hacia atrás. ¿La solución a todo esto? Al que no le gusta, que no mire. No hay lema mas simple y efectivo que ese. Hay que dejar de vivir midiéndose y empezar a pensar un poco mas en nosotros.

Y vos, ¿que esperás para sonreír con todos los dientes?
 
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